Transcurren días sin que escribas.
Ni prosa o poesía. Pareciera como si una acentuada displicencia marcara el curso de esta etapa. Hay razón específica para esa quietud
frente a estas incursiones tan marcadas en tiempos ya superados. ¿Cómo suples
esa aparente inactividad, cómo es tu quehacer subsidiario?
*** 14 de abril de 2015, martes,
10:49 hrs.
Por
lo puntual, bien. No obstante, sucede y para ello no abrigo duda, es como si
estuviera haciendo uso de un receso indeterminado; más no hay tal. Vivo mi día
a día, ordenando, tomando en forma invariable todo mensaje o contenidos que
puedo; sobre lo trascendente como sobre lo que no es; lo trivial cotidiano visto
desde mi interior como análogamente aplicado al mundo exterior. Lo simple y
sencillo me anima; lo exuberante por inconveniente lo hago de lado. Es como si
me interesara más lo que sucede en forma natural en mi entorno; igual podría
considerarse como un estado, lasitud de espíritu; como si el mundo con todas
sus inusitadas ocurrencias hubiera perdido interés. El tiempo que me ha
correspondido está abierto para lo llamativo para lo descomunal; no obstante,
esa cadena continuada y persistente de lo imposible pero posible, no cuenta
para mí.
De alguna manera podría considerar mi actitud como marcada por la
apatía, por un definitivo escepticismo. He vivido; he visto y observado el
mundo. No creo pecar de jactancioso si digo que he visto y vivido lo
suficiente. Mis inquietudes anhelos presentes como mis metas, constituyen algo
muy íntimo, demasiado profundo, como para desvelarlas abierta y llanamente.
Me
invaden y me asisten profundas inquietudes, incertidumbres y temores. Y pienso es apenas natural. Lo único que sé a cabalidad, mi afirmación de la
respuesta que precede: el extremo
opuesto de vivir es el morir ...

ResponderEliminar... ni atajos o rumbos; ni sueños ni quimeras. Tan solo la realidad ...