¿Cómo
persigue a uno una idea loca, o, cómo una loca idea lo persigue a uno?
¡Vaya
que equívoco!, o qué dilema. Una sola voz. Pareciera que el momento siempre
está ahí, presente, pues la razón siempre lo acoge, lo asume. Una serie de
razones, a partir de lo más íntimo, se posesiona allí, al interior. El sentido
y objetivo de la vida se va diluyendo hasta casi desaparecer, y el tránsito
encaminado a ese propósito, se torna decididamente en carente de sentido. Igual
puede acceder, la noche o el día; el calor o el frío; la compañía o la soledad.
Y para ese entonces, el sentido de la realidad, de la totalidad, nó es, no
existe.
La
equivalencia de valores reducida a nada, tornándose en un caminante que errabundo,
ignora plenamente cuál es su destino; a dónde ir, menos interesarse, en el para
qué.
Una
igualdad que conduce indefectiblemente al vacío, a la nada, a una total
ausencia de interés; es en ese momento, cuando las respuestas insospechadamente
se perfilan, poco importan ya; ¿cuál eficacia y valor pueden revestir,
cuando el interés por ellas, las preguntas, se ha esfumado, desapareciendo
totalmente?
Ilustrativo,
su escarceo con ella. La piensa, la considera, la consiente y le da abrigo en
su razón y en su corazón. Es el juego fatal con un propósito asumido, con la
convicción que el momento para abrirle de pleno la puerta, solo es cuestión de
tiempo, de oportunidad. Así la vida y su devenir, han perdido su color, y
pareciera que tan solo el gris y el negro anidaran en su mente. Es un ir
pasando, simplemente, como si la inercia de las horas y del tiempo jugaran
dulcemente con su paso cansino y desencantado.
Tristeza, una profunda tristeza
y un frío mortal, consecuencia de todo lo que gravita en su entorno, como pluma
al viento, sin sentido, ni razón. El secuestro de su hermano; la muerte de su
padre; la violencia que campeaba en campos y ciudades; el fracaso en su
matrimonio; y el país, su país, Colombia, inmerso en una mar de luchas, de
sangre y de muertos, yacentes en los campos, flotando en los ríos como peleles
desprovistos de aliento, con las cuencas de sus ojos vacíos, y un paisaje
desolador, irremediable.
Es
entonces cuando su mano acomete como cascada sibilante, la palabra, premonición de lo que habrá de sobrevenir más
luego:
No
llega. Va con cada palabra
Que
te digo, me la entregas
En
cada gesto y yo te la devuelvo,
Mano
a mano. Es un ir y venir
Disfrazados
de nosotros dos. Vuela
Air
mail con las cartas
Que
escribimos, anda entre la sopa
Y
más que nunca por la tarde. Está
Detrás
de todo ese montón de ropa
Para
lavar, contra el espejo que miramos,
Desde
la sonrisa de las fotos, junto
A
aquél viaje al mar. “Vendrá
La
muerte y tendrá tus ojos”. Y solo será
Un
gesto más entre tú y yo. Porque
Manrique,
amigo dilecto
De
las calaveras, ¿qué fue
De
tanto verso sino palabras más o menos?
Y
así con ese tono, con su talante acervo y cortante, escupe las palabras como un
apóstrofe, brutal, sincero. No hay reatos ni temores en su idea, maneja con
solvencia la palabra, el tema, que es aspecto, concepto, decisión irrevocable.
Convoca
la trivialidad de la vida, a través de cosas elementales, propias de mujer, de
ama de casa, del conocimiento holgado de ese trajín inherente a su condición de
fémina. Campea con holgura en el mundo de la idea, de la cultura, y cuestiona a
bardo Español,
/Invocación/
5.-
Este mundo es el camino
para
el otro, que es morada
sin
pesar;
más
cumple tener buen tino
para
andar esta jornada
sin
errar.
partimos
cuando nascemos,
andamos
mientras vivimos,
y
llegamos
al
tiempo que fenecemos;
así
que, cuando morimos,
descansamos
... Porque
Manrique,
amigo dilecto
De
las calaveras, ¿qué fue
De
tanto verso sino palabras más o menos?
Explícito
el juicio, disipadas todas sus voces interiores y lanzadas a los cuatro
vientos, ningún asomo de duda abrigaba en su interior. Lo que siguió fue su
muerte, por cuanto
así
que, cuando morimos,
descansamos
La
obra y la vida de María Mercedes Carranza continúan siendo para mí una encrucijada,
un polo de atracción que no declina con el tiempo, se acrecienta. La leo y la
releo, y encuentro en su palabra, en el verso, en su poesía, la impronta
indeleble de un destino signado por la genialidad y por la muerte.
Cfr.
María Mercedes Carranza
Poesía reunida
& 19 poemas en su nombre
EN
VIDA Y OTRAS MUERTES, pag. 18
Edit.
LETRA A LETRA, Bogotá, Colombia 2013
COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE
Jorge Manrique
(1440 – 1478)