Frialdad, desilusión, olvido. Cuando él, se ha ido, transformándose en ausente insensible hasta desaparecer, como si fuese una nada continuada. Es el desalojo de un espacio esencial de la razón; del sentimiento; del corazón, señorío en el que hasta entonces, había ocupado sitial dominante.
La
figura, o su imagen se deshacen, perdiéndose, tal como sucede cuando la noche
da curso a un nuevo día, y él, el amor, emprende lejanía, sumergiéndose en un retiro
perpetuo. Todo se pierde. Talvez sensaciones; recuerdos de momentos fugaces que
resisten el embate del tiempo, subsisten en la memoria tenuemente. Ya no existe
el aliento; ni el calor del otro cuerpo, el que da sentido y valor a la vida;
la piel es tan solo un transmisor de sensaciones distantes, ajena por completo,
y es entonces, cuando la mirada apunta a otros objetivos, a otro figura, a un
corazón diferente que rejuvenezca el impulso y la pasión, y con ese lazo
renovado, ambos cuerpos, fundirse en uno solo, un solo suspiro, un solo
instante, para arribar a la pequeña muerte (“petite-mort”).
Luego,
…… ya, todo es olvido .....
Ayer,
Estabas
junto a mí
Compartiendo
el calor
De
nuestros cuerpos,
Y,
Hoy,
Ausencia,
Silencio,
y
Distancia
perpetua
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