martes, 13 de octubre de 2015

María Mercedes Carranza y su idea de la muerte



¿Cómo persigue a uno una idea loca, o, cómo una loca idea lo persigue a uno?

¡Vaya que equívoco!, o qué dilema. Una sola voz. Pareciera que el momento siempre está ahí, presente, pues la razón siempre lo acoge, lo asume. Una serie de razones, a partir de lo más íntimo, se posesiona allí, al interior. El sentido y objetivo de la vida se va diluyendo hasta casi desaparecer, y el tránsito encaminado a ese propósito, se torna decididamente en carente de sentido. Igual puede acceder, la noche o el día; el calor o el frío; la compañía o la soledad. Y para ese entonces, el sentido de la realidad, de la totalidad, nó es, no existe.

La equivalencia de valores reducida a nada, tornándose en un caminante que errabundo, ignora plenamente cuál es su destino; a dónde ir, menos interesarse, en el para qué.

Una igualdad que conduce indefectiblemente al vacío, a la nada, a una total ausencia de interés; es en ese momento, cuando las respuestas insospechadamente se perfilan,  poco importan ya; ¿cuál eficacia y valor pueden revestir, cuando el interés por ellas, las preguntas, se ha esfumado, desapareciendo totalmente?

Ilustrativo, su escarceo con ella. La piensa, la considera, la consiente y le da abrigo en su razón y en su corazón. Es el juego fatal con un propósito asumido, con la convicción que el momento para abrirle de pleno la puerta, solo es cuestión de tiempo, de oportunidad. Así la vida y su devenir, han perdido su color, y pareciera que tan solo el gris y el negro anidaran en su mente. Es un ir pasando, simplemente, como si la inercia de las horas y del tiempo jugaran dulcemente con su paso cansino y desencantado. 

Tristeza, una profunda tristeza y un frío mortal, consecuencia de todo lo que gravita en su entorno, como pluma al viento, sin sentido, ni razón. El secuestro de su hermano; la muerte de su padre; la violencia que campeaba en campos y ciudades; el fracaso en su matrimonio; y el país, su país, Colombia, inmerso en una mar de luchas, de sangre y de muertos, yacentes en los campos, flotando en los ríos como peleles desprovistos de aliento, con las cuencas de sus ojos vacíos, y un paisaje desolador, irremediable.

Es entonces cuando su mano acomete como cascada sibilante, la palabra,  premonición de lo que habrá de sobrevenir más luego:


No llega. Va con cada palabra
Que te digo, me la entregas
En cada gesto y yo te la devuelvo,
Mano a mano. Es un ir y venir
Disfrazados de nosotros dos. Vuela
Air mail con las cartas
Que escribimos, anda entre la sopa
Y más que nunca por la tarde. Está
Detrás de todo ese montón de ropa
Para lavar, contra el espejo que miramos,
Desde la sonrisa de las fotos, junto
A aquél viaje al mar. “Vendrá
La muerte y tendrá tus ojos”. Y solo será
Un gesto más entre tú y yo. Porque
Manrique, amigo dilecto
De las calaveras, ¿qué fue
De tanto verso sino palabras más o menos?


Y así con ese tono, con su talante acervo y cortante, escupe las palabras como un apóstrofe, brutal, sincero. No hay reatos ni temores en su idea, maneja con solvencia la palabra, el tema, que es aspecto, concepto, decisión irrevocable.

Convoca la trivialidad de la vida, a través de cosas elementales, propias de mujer, de ama de casa, del conocimiento holgado de ese trajín inherente a su condición de fémina. Campea con holgura en el mundo de la idea, de la cultura, y cuestiona a bardo Español,


/Invocación/
5.- Este mundo es el camino
para el otro,  que es morada
sin pesar;
más cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
partimos cuando nascemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
descansamos


...  Porque
Manrique, amigo dilecto
De las calaveras, ¿qué fue
De tanto verso sino palabras más o menos?


Explícito el juicio, disipadas todas sus voces interiores y lanzadas a los cuatro vientos, ningún asomo de duda abrigaba en su interior. Lo que siguió fue su muerte, por cuanto


así que, cuando morimos,
descansamos


La obra y la vida de María Mercedes Carranza continúan siendo para mí una encrucijada, un polo de atracción que no declina con el tiempo, se acrecienta. La leo y la releo, y encuentro en su palabra, en el verso, en su poesía, la impronta indeleble de un destino signado por la genialidad y por la muerte.


Cfr. María Mercedes Carranza
       Poesía reunida
       & 19 poemas en su nombre
       EN VIDA Y OTRAS MUERTES, pag. 18
       Edit. LETRA A LETRA, Bogotá, Colombia 2013
       COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE
       Jorge Manrique

        (1440 – 1478) 


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