*** Temas
de siempre. La inocencia: En estos
tiempos que corren, con el mundo sojuzgado por la trivialidad, en el que casi
exclusivamente el clic es trascendente, valores esenciales, inescindibles de la
vida del ser humano como el convocado, se desdibujaron al punto de convertirse
en una palabra más, pese a ser concepto cabal, análogamente valor esencial ¿crees,
será posible ir a su rescate, o, definitivamente, es algo que no se justifica,
que no tiene significación?. Qué piensas al respecto.
En
este presente de los antivalores, cualquier tarea como ésta, se convirtió en
una verdadera odisea, sin dramatismos, ajena a todo exceso en el raciocinio. El
mundo moderno –siglo XXI- , es una verdadera encrucijada de caminos en pugna. Todos,
o inmensas masas de personas, viven a diario a la conquista de lenitivos, para sobrellevar
el día a día, de una forma menos angustiosa. Y en ese crucero, se involucran en
cantidades ingentes de pequeñas o grandes batallas, que por lo general, no les
conduce a ninguna parte. Veamos dos ejemplos.
La
mujer. Siempre enfrascada en vestir a la moda, de la cabeza a los pies, o a la
inversa, porque hay, a las que importa más, los pies que la cabeza, -paradójico
pero real-. En esa consideración, están incluidas todas la variables de prendas,
sin que se pueda excluir la interior, por cuanto la lencería es parte sustantiva
de su atuendo, dado que cubre la intimidad de su cuerpo, sus zonas pudendas, y
por lo que en un momento dado, frente a la inminencia de inter relación con una
pareja, aquélla, jugará un rol protagónico en dicha intimidad. Alhajas,
maquillajes, peinados, móviles, como todo lo que sea dable imaginar para
definir su identidad, para afianzar unos valores frágiles, con una fortaleza equiparable
a la de una cáscara de huevo. La personalidad de ella, por tanto, en atención a
éste inventario tentativo, guardará nexo consecuente, con lo consignado. Es una
fisonomía muy relativa, pero aproximada a la mujer actual.
Otra,
es la que vive, y permanece inmersa en el terreno laboral y de estudio; aunque
no con todo el rigor de la primera, algunos de los matices descritos son igualmente
de su resorte y manejo, pues su natural femenino, jamás renunciará a ese toque
que la define. Para ella, lo estrictamente formal es la pauta; sigue la moda
pero no es su esclava; gusta de la distinción y de ese toque de calidad que
imprime lo casual, lo sencillo. Su universo gravita por y en función, de su
crecimiento y fortaleza intelectual y laboral; la academia, la vida activa y continua
en el campo de la cultura; la búsqueda de valores; de metas y de objetivos; el
descubrimiento e indagación acerca de nuevas formas de pensamiento y de explicación
de la vida. Es multifacética, versátil ,todo le interesa, su curiosidad no conoce límites;
es arrojada y confronta su existencia sin temores ni reticencias. Acoge el paso
del tiempo y lo asume con entereza, con sinceridad; se enorgullece de sus
valores y acoge con modestia sus limitaciones.
Para
éste biotipo de mujer, sí existe la inocencia. Porque ella ama la vida en todas
sus expresiones; porque es sensible y consciente de la volubilidad de la
especie en los tiempos que estamos viviendo. Porque el cuadro de la violencia
que gravita en todos los ámbitos de la vida, es de uso común, aceptado, sin que nadie cuestione ni trate de actuar
efectivamente, para detener, o por lo menos morigerar, esa escalada que habita
y vive, en los cuatro puntos cardinales de esta geografía terrestre. Porque
ella comprende, que parte de la saga nefasta de esa secuela, son los niños,
violentados, abusados, sacrificados y utilizados como medio instrumental, para
todo tipo de objetivos perversos. Y la tecnología y los medios, están
implicados, tienen participación activa y desgraciadamente eficiente, en esa
gestión global destructiva, de los reductos primigenios y esenciales de la vida
del ser humano, a partir de la familia y de sus componentes. Y en última
instancia, porque los estados, los gobiernos y sus políticas y políticos, con sus
axiomas letales, drogas y guerra, o, guerra
y drogas, que a fin de cuentas, son traje de un mismo propósito, de una
criminalidad social consentida o nó, pero objetiva, son fuerza motriz de ese
proceso demoledor.
El
hombre. Como contrapartida, no obstante alimentar ese tipo de apremios, los
justiprecia de una manera diferente, menos intensa. La moda va con él, pero no
es razón prevalente. En cambio, le importa la materialidad del mundo que le
circunda, los bienes de todo tipo dentro de un contexto idóneo que le coadyuve
a su consecución: el dinero.
Con
él en sus arcas, asume todas las empresas y todos los riesgos en el iter que
conduce a su obtención. Los medios en esas condiciones los instrumentaliza para
alcanzar sus objetivos, sus metas, no importa sean non-santos, y su ausencia de
escrúpulos, está a la orden del día.
El
sexo. Puntal definitorio de su virilidad, con él, reta y confronta a sus congéneres,
asumiendo postura de suficiencia y poder. El machismo comprendido lo anterior,
es axioma obligado de su desenvolvimiento dentro del grupo. El hombre actual es
sexuado en términos superlativos; para él facetas que están por fuera de sus
razones, no cuentan, no suman. La miseria, el hambre, la exclusión social, por
motivos políticos, de credo, de color, económicos, de poder, de nacionalidad,
como de otros análogos, no revisten ninguna significación. El corolario, que es
casi como un credo para éste prototipo, es el del poder, cifrado en el dinero. Por
su intermedio lo consigue todo, hasta el derecho a la vida y a la muerte. Todos
los aparatos de estado y de supervivencia del grupo, operan en función de esa
ecuación elemental, que así mismo es igualdad: dinero = poder
La
inocencia, nada significa. Solo es una palabra.
Visto
así el mundo actual, destaca por un materialismo impenitente.
Pienso,
resulta bien difícil modificar esa óptica global. Quienes no somos partícipes
de ese anti-credo, constituimos una inmensa minoría frente al poder y sus
adherencias.
No
pasamos de ser simples espectadores ...

