miércoles, 23 de septiembre de 2015

Ideas sueltas acerca de todo: el amor y la belleza

















***  Todo el recorrido surtido hasta ahora, ha sido enriquecedor. Diversos aspectos, desde luego sustanciales de la existencia, se han desgranado en forma paulatina. En el punto en que nos encontramos, dos conceptos capitales, destacan per-se: el amor y la belleza. ¿Cómo es eso del amor y la belleza? ¿Son conceptos conexos o son entidades de la esencia, que  gozan de plena autonomía? ¿Sería posible la existencia del ser humano con prescindencia de ellos?

Tantas formas de amor, de amar y ser amado; de dar y recibir, para que en definitiva surja la pregunta consecuente: ¿en verdad, qué es el amor? La pregunta nó es mía, es de la mujer y del hombre de todos los tiempos. 

Destaco, es una constante atemporal. Ellas y ellos, son quienes históricamente le han dado sentido a esa emoción o como se desee calificar, expresión de la esencia o del espíritu; páginas sin cuento a más de haber quedado escritas, ilustran de manera vívida las relaciones entre una y otro. El amor tiene todo sentido en cuanto expresión de los más profundos y nobles sentimientos del ser humano.

Ha sido y es un medio enriquecedor, que da aliento, que da vida, que ha impulsado e impulsa, grandes, colosales pasos en la historia de nuestra especie. Ha sido fuente y razón de creación; de epopeyas y gestas sin cuento; de triunfos grandiosos y derrotas; de presencias y de ausencias trágicas; de nostalgias y olvidos; de presencias e ingratitudes inmensas. El amor ha sido y seguirá siento hasta el término de los tiempos  la razón primera y última que mueve y enriquece al ser humano, que lo hace noble y bello, permitiéndole superar casi sin esfuerzo, la ley de gravedad, la materialidad del mundo y de la realidad en que vivimos.

La belleza. Es su complemento, antecedente o consecuente. Es el barniz que le da sentido y forma a lo que nuestros sentidos perciben, en especial la vista el tacto, el olfato. Todos los sentidos juegan, pero los tres que convoco, poseen la particularidad privilegiada de dimensionar, lo que acorde con el criterio Tomista, definió como, “bello es lo que visto, agrada”. Por cuanto lo que agrada, ingresa a través del ojo, estimulando la sensibilidad al poder tocar con las manos, con el rostro, con el cuerpo, la piel de ella o de él como su humor, su aliento, y percibir y sentir, el mandato de la sangre, del calor que da vida.


Este objeto bello, en esas condiciones tan peculiares, no puede ser motivo de una emoción diferente, que la del amor. No todo lo que se ama necesariamente es bello; puede no serlo, pero la riqueza interior aflorará entonces como un haz luminoso, que todo lo dimensionará, enriqueciéndolo. Los atributos del ser humano que implique inmortalidad o algo similar. Justamente por esa razón de finitud es que destaca, con luz con brillo propio, ese sentimiento, imposible de definir, que de cualquier forma que se le mire, es real, y es temporal. Este es precisamente el sentido de la existencia y acogiendo su fugacidad, entenderemos aceptando, que la vida debe ser potenciada al máximo, pues lo contrario, sería tanto como aceptar, que no se justifica ningún esfuerzo por ser feliz y ser parte del amor.







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