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Joral González …
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EL RETRATO DE LA SEÑORA LISA expuesto en el Louvre sonríe a los
turistas. La dama se mantiene ajena a los flashes de las cámaras, de los
suspiros de reconocimiento y los empujones de la multitud que cambia el peso de
un pie al otro como en un torpe ballet. Recatada, casi inocente, parece
contemplar la sucesión de visitantes que hacen sitio a la siguiente horda sin
muestra de cansancio.
¿Cómo iba a estar cansada? Al fin y al cabo,
no es una persona, sino algo inanimado: un simple objeto, unas cuantas capas de
aceite pigmentado sobre madera de chopo; sin duda el trozo de madera más famoso
del mundo. Sujeto a un bloque de hormigón tras una barrera de cristal antibalas,
el retrato se halla protegido de los vándalos que acuden en busca de sus quince
minutos de fama.
¿Quince minutos? La señora Lisa -–madonna
( “mi señora” ), acortando a Monna Lisa, llamada incorrectamente Mona Lisa, y
conocida en Francia como la Joconde y en Italia como la Gioconda—ha disfrutado
de quinientos años de fama. Tiene la cara más conocida del mundo. Pero, ¿cómo
ha llegado a conseguirlo?
Todo empezó con Leonardo, el artista que
la pintó. Ya en su época era considerado un genio y vivió entre el que
probablemente constituye el grupo de artistas y pensadores y más importante que
jamás haya vivido en el mismo territorio en la misma época: los maestros del
Alto Renacimiento italiano. Rafael, Miguel Ángel, Tiziano y sus coetáneos no
fueron solo colosos del arte, sino también hombres de una enorme curiosidad
intelectual. Investigaron distintas teorías de la composición, tanto desde el
punto de vista de la perspectiva como de la anatomía, y experimentaron con
pinturas, texturas, colores y tonos. En sus creaciones aspiraban a algo más que
la armonía y el equilibrio: deseaban saber lo que pasaba por la cabeza de los
guerreros asustados y los caballos en plena batalla, los pensamientos ocultos
de los hombres y mujeres que retrataban, el drama y la intensidad psicológica
del momento de crisis reflejado en sus cuadros
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ResponderEliminar... SEÑORA LISA, cinco centurias o más o menos, y hoy te sonríes de mi curiosidad y anhelos de saber más de ti, pero comprendo, ..... es inútil ...