*** 28 de febrero de 2015, sábado, 06:45 hrs.
… Hecho y tema complejo de abordar.
Con fundamento suficiente decir nunca he enfermado: ¡improbable! Particularidad
asociada al cometido del ser humano, su falibilidad su finitud. Sin duda este conocimiento
está asociado a su correlativo y consecuente -concepto par-, la muerte. ¿qué
piensas al respecto?
Hasta
un determinado tiempo fui inmune. Infancia, juventud, incluso arribo a una
primera madurez cierta y estable; a partir de entonces, cincuentas, irrumpió
con sus primeras manifestaciones en todo su rigor, inclemente. Sino fatal o no, depende de la óptica con que se mire.
Tiempo,
me enseñaste a convivir con ella y sus síntomas, rituando mi duelo personal por
cuanto debí admitir su no retorno a una condición de vida normal. Acogida,
produjo modificaciones sustanciales en mi forma de ser, en mis convicciones; en
mi estructura misma de razonamiento y de lógica como de la comprensión del
mundo circundante, de la existencia básica, y fundamentalmente, en mi personal
filosofía acerca de la vida, del existir, del ser, de su finitud.
En
éste punto concluyente no obstante ser ya idea asociada de vieja data, asaltó la
realidad consecuente, natural, asociado con aquélla: la muerte.
A
partir de entonces, vivo en un total desapego por el hecho vida.
Sí.
Ciclos
atrás coexistió el clímax inherente a la juventud; de mi ingreso a la edad adulta,
a la madurez. Durante estas etapas viví inmerso en una especie de arrobo, de
ajenidad a la realidad en sentido estricto. Hasta donde resultaba dable,
confrontaba mi trasegar en forma seria, de alguna forma crítica. Más nunca con
la hondura y calado vital, con los que convivo actualmente.
Denominador
común el “sí” a lo largo y ancho de mí recorrido, aceptando el milagro de la
vida en su total importancia, casi, si cabe la expresión, con pasión febril en
todo y para todo. Seducido por aquello de ser una sola y única, concluí, la vida es un
privilegio efímero; consecuencia, aceptarla plenamente sin atisbo de duda
ni temores, apurando emociones y sentimientos sin limitaciones, sin dejar nada
para el más luego.
Acertada
o nó, es óptica a través de la cual analizo y acojo en toda su integridad la
forma en cómo he vivido; no abrigo temores ni dudas; ha sido y aún está siendo, una
aventura maravillosa, cargada de plenitudes, hermosa por donde la quiera mirar,
y nó expuesta u objeto de inclemente crítica, de juicios de valor o de reproche.
Hoy, estoy por encima de todo ello …
Equivocaciones
y yerros.
¡
Sí !
Innumerables
…
ResponderEliminar... ¿del espíritu?, no creo tanto en él, sí más bien en la esencia, y convaleciendo hasta mi final, cuando termine mi otoño ...