*** 23 de febrero de 2015, lunes, 18:20hrs.
... Variados
espacios cautivan mi atención. La hora, el día, la semana, el mes o un año por
comenzar, son ni más ni menos, reiteración de una aventura inconclusa; algo hay
por descubrir, novedoso, inquietante. Dentro de ese espectro así mismo ocupan
espacio emociones más fuertes, intensas. No en balde pienso procede analogía,
en el sentido que la vida es como el curso del agua de un río.
Movimiento
constante, renovada, ajena por completo a la quietud; en oportunidades serena y
apacible; en otras tormentosa e impredecible, plagada de peligro temor e incertidumbres,
que nos ubican frente al miedo por lo incierto e inmanejable.
Más
luego el desenlace; crecido y crepitante desemboca en algún punto más sereno y
apacible; o se precipita embravecido a la inmensidad del mar. Y allí, en él
desaparece, quedando tan solo el recuerdo, la imagen de su tránsito incierto y
a la par hermoso.
Analogía acogible. Somos agua y si ello es así, somos aire, y siendo agua y aire de igual suerte somos tiempo; el agua cambiante, ocupa y es un tiempo de tránsito siempre perenne en su fluir.
Por
el contrario, la existencia del ser humano es finita no ha sido posible su transformación,
fatalmente siempre será igual. Pese a todo agua y aire estarán invariablemente
donde están, concediendo vida, estimulándola e imprimiéndole un toque bello por
el amor, por la poesía que entrañan y desencadenan …
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