miércoles, 25 de septiembre de 2019

... Somos agua, aire y tiempo ...





    *** 23 de febrero de 2015, lunes, 18:20hrs.


...  Variados espacios cautivan mi atención. La hora, el día, la semana, el mes o un año por comenzar, son ni más ni menos, reiteración de una aventura inconclusa; algo hay por descubrir, novedoso, inquietante. Dentro de ese espectro así mismo ocupan espacio emociones más fuertes, intensas. No en balde pienso procede analogía, en el sentido que la vida es como el curso del agua de un río.

Movimiento constante, renovada, ajena por completo a la quietud; en oportunidades serena y apacible; en otras tormentosa e impredecible, plagada de peligro temor e incertidumbres, que nos ubican frente al miedo por lo incierto e inmanejable.

Más luego el desenlace; crecido y crepitante desemboca en algún punto más sereno y apacible; o se precipita embravecido a la inmensidad del mar. Y allí, en él desaparece, quedando tan solo el recuerdo, la imagen de su tránsito incierto y a la par hermoso.

Analogía acogible. Somos agua y si ello es así, somos aire, y siendo agua y aire de igual suerte somos tiempo; el agua cambiante, ocupa y es un tiempo de tránsito siempre perenne en su fluir.

Por el contrario, la existencia del ser humano es finita no ha sido posible su transformación, fatalmente siempre será igual. Pese a todo agua y aire estarán invariablemente donde están, concediendo vida, estimulándola e imprimiéndole un toque bello por el amor, por la poesía que entrañan y desencadenan …











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